sábado, 10 de enero de 2009

La línea roja

Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper.
Anónimo, leyenda china.

Este era un reloj de casi cuarenta horas que funcionaba hacia atrás. Esta era yo en otra parte, cuando el tiempo no contaba y cuando aprendí a sonreir. Desde entonces me estoy buscando. Un flash y me fugo por las rojas buganvilias tras el olor del cedro que me seduce y me lleva frente a un ventanal en semicírculo en una habitación con muebles de madera y mosaico rojizo en el piso. Suenan las fichas del dominó sobre la mesa y lo anterior desaparece, ahora huele a sal en una terraza de columnas blancas y pisos rojos, con jardineras en los bordes y que escurre escalinatas que bajan y bajan, hasta perderse en la arena. El flash me deslumbra otra vez y al abrir los ojos, descubro que estoy frente a un edificio en Insurgentes donde al entrar, hay un elevador con la puerta interna roja y cuyo sonido, no he podido olvidar por mucho que no me encuentre. Hay en el sexto piso una terraza llena de claveles rojos, y dos pisos más abajo, un pasillo de metal pintado siempre de rojo brillante, donde sentada en el canto de la ventana, me llega el olor a patatas fritas. Al entrar, un despacho con un sillón de tela escocesa en rojo y verde, me detengo un momento, a ver si de una vez por todas, aparezco. Como no pasa nada, bajo aprisa las escaleras y doy vuelta a la cuadra. Encuentro una esquina, mi esquina, con dos balcones que tienen macetas pintadas de rojo y flores y pájaros, también hay un cuartito, soleado si apartamos la cortina roja de lona, con una sillita de madera. Un poco cansada de tanta vuelta, me tiro al piso sobre una alfombra roja que se me clava en el cachete igual que cuando dormía sobre ella. Me tapo con un suéter "de bolitas" rojo, pues el final del día me ha dado frío. A estas alturas de la vida descubro que mi existencia tiene una línea conductora monocromática. Debe ser que el destino me anda buscando y pone en el camino señales para que no me pierda. Y yo que no lo sabía.

Imagen de http://peliculasylibros.nireblog.com/post/2008/08/25/el-hilo-rojo-une-las-parejas

9 comentarios:

Pilar Rico dijo...

Voy de nuevo, es como cuando quiere aceptar mis comentarios.
El hilo rojo, es bonita esa leyenda china. No me gusta la vida en reversa. Aunque a veces sería muy útil tener más de 24 horas.
Los olores y los sonidos, siempre viven en la mente. Te dije del destino, lo que es necesario es creer en él. Un beso.

Paloma Zubieta López dijo...

Queridísima Pilar: tengo que dar reversa para mirarme hacia delante, no hay de otra. Y sólo querría tener más horas siempre y cuando fueran mías. El destino se metió en el escrito, ¿será un aviso? Te mando muchos besos.

Ivanius dijo...

En alguna parte, un niño que podía ver solamente el futuro inmediato busca un espejo que le ayude a mirarse la nuca en la esquina de la pared, un tenedor que pueda trinchar pasta recocida, o una lengua suficientemente larga para ponérsela y así lograr lamerse el codo... y en otra parte, el Minotauro se aburre porque ha descubierto que es vegetariano.

Sí, no viene mucho al caso, pero es lo que salió. A ver si fructifica.

Paloma Zubieta López dijo...

Es curioso, porque yo creo que no era niño sino una geisha, que también suelen pintarse la línea roja en la nuca... ¿Vegetariano, es por la crisis o por decisión propia? Recuerdo aquella canción de "vamos a contar mentiras" cuando decía, por ejemplo: empecé a tirar de piedras y cayeron avellanas, tra la lá. Me voy cantando luego de dejarte besos.

coupdecoeur dijo...

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Paloma Zubieta López dijo...

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Mara Jiménez dijo...

Si... cada vez más convencida de ese vicio morboso de buscarse para atrás, no debe de fructificar en cuanto al objetivo, pero si en recorrer lo andado con el otro ojo, el terecero, el que ve más allá de los dos de fábrica que se van quedando más ciegos mientras ese se aguza y reafirma...pero a lo mejor es daltónico, y quiere ver todo rojo, porque le gusta. Ese nuevo recorrido ofrece visiones extraordinarias de nuestros pasos andados, aún cuando no nos encontremos.

Mara Jiménez dijo...

Oiga comadre, y pasando a cosas más mundanas, ¿Ya vió que se fastidiaron los contadores de nuestras páginas? Traté de reinstalar y el error es EN la página de ellos. Procedo a escribir reclamando y mantengo informe. Un beso.

Paloma Zubieta López dijo...

Pensé que me ibas a contar la fábula de los tres hermanos, querida... pero trataré de poner al tiro a mi tercer ojo. Sip, ya ví lo de los contadores y no hay manera, estamos a oscuras pero por lo pronto, puse una velita, jeje... Muchos, muchos besos, la extraño.