sábado, 1 de enero de 2011

Las pequeñas cosas


Amanece.
Trémula luz de un año que casi ni hemos estrenado.
Ella se peina ante la ventana, los minutos escurren despacio.
Una lluvia ligera empapa los corazones de los transeúntes. Él no lleva paraguas —en esta época no suele llover—, se cubre como puede la cara con el sombrero. El agua trasmina el saco. Tiene frío.
A lo lejos, despierta el zumbido de la avenida. Aquí dentro, todavía los gatos están dormidos bajo las mantas de la cama. Hora de hacer café. Suspira.
Sube al autobús y se acomoda en el primer sitio libre, junto a una señora que lleva sobre sus piernas la bolsa de la compra en el mercado. Berros y zanahorias la delatan.
El chofer del autobús sonríe al recordar la cara de felicidad de su hija con la bicicleta roja.
—Hay poca gente en la calle— piensa, como si de verdad le asombrara. Luego, el frío se le pega a la espalda, parece que lo abraza. Le fastidia estar mojado.
Contempla cómo el agua comienza a hervir. Queda absorta por el burbujeo hasta que un timbre de teléfono de algún vecino la devuelve a la realidad. Pone tres cucharadas de café y cuando va a cerrar el tarro, decide poner una más.
El autobús trepida en sus entrañas; no se mueve. El semáforo demora una eternidad en cambiar al verde.
El aroma del café invade la casa. Uno de los gatos ha despertado y viene a ronronear hasta sus piernas, cubiertas de franela.
Un viejo sube al autobús. Se parece a su padre. —Lo llamaré más tarde— se dice a sí mismo en forma de promesa. La mujer a su lado lo mira con desconfianza: parece un loco hablando solo.
Oye los pasos sigilosos del hombre del periódico por la escalera. Mira el reloj para comprobar la hora. —Sí— susurra —ha llegado temprano el día de hoy—. Y vuelve a la ventana. Al primer sorbo de café, sus ojos se abren: ha despertado. Más allá, oye como el gato rasca la arena en la cocina.
Un autobús se detiene en la acera de enfrente. Una flor amarilla que asoma por el asfalto. Se apea un hombre que parece mojado.
Sin saber muy bien por qué, él voltea hacia una ventana donde la ve, como un fantasma sosteniendo una taza en sus manos.
Se miran un instante que parece eterno.
Luego, él retoma su camino y desaparece tras dar vuelta en la esquina.
Ella lo sigue con los ojos, hasta perderlo.
El sol se asoma por el horizonte.
El año ha comenzado.


© jam343 (2004), Sin título de:
http://www.flickr.com/photos/jam343/1703693/

8 comentarios:

Ivanius dijo...

Mañana, quizás, tras la mirada y entre sorbos de café, surja una nueva historia a la que no le basten los puntos suspensivos.

Aplausos, y bienvenida de nuevo, Palomita. Un fuerte abrazo.

El Drac dijo...

A mí me sucede muy a menudo; siempre creo que existe un día mejor para conocer personas y las más de las veces es una oportunidad que jamás se repite. un gran abrazo y ¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!

Paloma Zubieta López dijo...

Ivanius querido: los puntos suspensivos son tan caprichosos que nunca se sabe, pero estaremos atentos ;o) Es un verdadero placer sentir que estoy de vuelta y más, encontrarlo por acá.

Estimado Drac: Siempre es un gusto recibir comentarios de nombres nuevos en este espacio, así que ¡bienvenido! Cada instante es una oportunidad, la idea es que no se nos vayan y nos quedemos con sensaciones del qué hubiera. Otro abrazo de acá y ¡muchas felicidades también!

moreiras dijo...

Hermosa historia de amor, que todo lo ha dicho sin que aún la historia haya pasado. Qué buen comienzo, feliz año (ronroneo;)

Paloma Zubieta López dijo...

¡Muy feliz año, Moreiras! Es un gusto saber que has tenido suficiente paciencia en estos meses de ausencia, gracias. Espero que este comienzo sea una especie de presagio, un abrazo.

Zyan Ponce dijo...

Creo que desde siempre me han gustado las historias sencillaz y de la vida cotidiana pero que siempre llevan algo de "chispa". Y es que siempre pasa que dos desconocidos se hechan un vistazo.

Un saludo, Paloma! Y muy feliz año 2011.
Atte: Caro :D

Silvita dijo...

Paloma, te conozco del Diario de la Pelusa. Pocas veces tengo tiempo para disfrutar de la Internet. Hoy leí esta entrada tuya y disfruté la serenidad, los sonidos, los olores, los sabores. Hermosa foto, la puse a refrescar mi pantalla. Que el 2011 sea memorable por la paz, prosperidad y el bienestar.

Paloma Zubieta López dijo...

Mi Caro hermosa: gracias, de veras, por dejar acá tu comentario, me encanta saber que rondas por aquí. Y sip, creo que los vistazos habitan en muchos instantes sencillos, nomás hay que fijarse. Te mando chorrocientos mil besos y buenos deseos pa'l año.

¡Bienvenida, Silvita! Efectivamente, somos del "blogbarrio". Agradezco el que hayas pasado por esta esquina y que la hayas disfrutado tanto como yo al dibujarla. Hermosa pantalla tienes ahora. Nos estaremos viendo, mil felicidades y mejores deseos de aquí para allá esperando que tengas boca de profeta con el 2011.