jueves, 10 de septiembre de 2009

Epílogo

Porque los finales siempre son principios, con cariño pa’l Baloo

Los exploradores fueron ovacionados cuando atraparon al aprendiz. El Maestro liberó al alumno por considerar que el mayor castigo era lo ya experimentado; ahora guarda bajo llave instrumentos cuyo uso indebido pueda ocasionar catástrofes universales. Las colegialas bordan el manto terrestre, el laboratorio funciona minuciosamente y la mujer búho ha recobrado sus plumas. Los gatos reaparecieron y el hombre del monociclo coordina la colocación de estrellas según el mapa celeste. El aprendiz decidió ser músico y recorre los caminos tocando aquella sinfonía para garantizar que nunca más se altere el orden de las cosas. Fue él quien me contó esta historia y pidió que dijese que eran mentiras para no crear ataques masivos de pánico; hoy día es una persona muy responsable.









Fotografía de DuRêve (2007), sobre obra de Remedios Varo (1959), El trovador en: http://www.flickr.com/photos/mirrorimages_jp/410215406/

8 comentarios:

Ivanius dijo...

Como debe ser en todo misterio, la detective hace una pausa para interrogar al espectador sobre la solución del enigma. El público, atrapado al borde de los reflectores, descubre que no es sino testigo de una historia con destinatarios específicos... lo cual, de todos modos, no le ha privado de un inolvidable paseo.

Antes de que por fin caiga el telón, los clamores se convierten, poco a poco, en constante canto de cigarras, frenéticas luciérnagas y (casi podría jurarlo) el casi armónico punteo de una pata de palo y una pezuña entrechocadas.

La luz se enciende y muestra sobre el escenario una corona de laurel con misterioso letrero, que declara, en lengua de alquimistas:
"Por el secreto desvelado de las palabras aladas".

Paloma Zubieta López dijo...

*reverencia estilo el baile en La danza de los vampiros* Acierta de nuevo, Ivanius: por el secreto desvelado de las palabras aladas. Me gusta el punteo de la pata de palo y pezuña entrechocadas, usted sabe que soy fan de las dos... un beso grande.

Pelusa dijo...

Aunque lo afirmes, Palomita, yo no le confiaria nada a este aprendiz despues de eso, te lo aseguro. Es verdad que todos tenemos derecho a cambiar, pero el bichito de la libertad, una vez que ha salido del cascaron, siempre se queda latente.
Muy buenas historias, todas. Me gustaria que hubiera otras series como esta.
Besos agradecidos.

Paloma Zubieta López dijo...

Mi querida Pelusilla: creo que todos tenemos tela de dónde cortar y que en general, merecemos otra oportunidad. No lo dije pero el punto es que el Maestro se da cuenta de que él tuvo también que ver en el asunto, esto es, el pobre aprendiz no era más que una víctima de las circunstancias (y las agravó más, al salir por la puerta equivocada). Me alegro que te gustara, no sé si habrán más series pero ya lo iremos descubriendo. Los besos agradecidos son los míos, por habernos acompañado en este camino.

J.Carlos dijo...

Hola, he conocido tu espacio a través del Diario de Pelusa; me ha encantado el diseño y los contenidos, sobre todo estos relatos, que son como bien dices son sueños, historias oníricas, irreales, pero que trás su lectura, encuentras muchas semejanzas con la vida real.
Un placer conocerte y visitar tu espacio, hasta pronto.
Saludos

Paloma Zubieta López dijo...

¡Hola Juan Carlos! Bienvenido... vienes de un estupendo sitio ;o) Agradezco tus palabras y sí, los sueños llevan semillas de la vida real y viceversa... El placer es mío, pasa cuando gustes, un abrazo.

Mara Jiménez dijo...

No lo creo... en realidad el oficio de músico es solo su fachada. En sus ratos libres pertenece a una secta de adoradores del caos, formada, por supuetso, por varios artistas, quienes saben que la unica manera de mover al mundo, es poniéndolo en equilibrio precario y tensando sus extremos. Sólo que la "aparatología" escapa de su comprensión, han decidido hacerlo a través de sus obras... les falta, pero parece que su desorden puede proponer el nuevo orden... para volver a empezar.
Se me salió el subconsciente comadre... jejejejeje
Estoy harto satisfecha de haber acompañado esta serie, me la llevo guardada en una caja pequeña en apariencia pero capaz de alimentar el alma.
Un beso y un abrazo.

Paloma Zubieta López dijo...

Mi comadre del alma: primero que nada, le agradezco la perseverancia con este comentario. ¡Y vaya que valió la pena! Me gusta esa doble actividad del aprendiz y los artistas tensadores de cuerdas (me acordé de los 12 monos ;o). Me complace ver que hasta el subconscinte se expresa y acierta con su propuesta. Muchos besos con harto cariño y ahorita paso a visitarla.