lunes, 22 de septiembre de 2008

De Guernica a Michoacán


He tardado en digerirlo. Ni modo, soy lenta, ¿qué le voy a hacer? Me quedé un rato pensando en si valía la pena comentarlo pero luego de varias disertaciones concluí que no me puedo quedar callada al respecto, así que abramos el pico.
En casa cuelga una copia del Guernica, homenaje a la historia familiar y también recordatorio de la necedad humana. Tremenda barbaridad que, entre muchas otras, no acaba de enseñarnos que matarnos los unos a los otros no es la solución, sea cual sea la razón. Dicen por ahí que la falta de política es la guerra, pero me atrevería a pensar que es más bien EL gran negocio y motor de ciertas economías.
Por desgracia, las barbaridades son comunes en la historia de nuestra especie. No las confundamos con la agresividad instintiva, arena de otro costal y probada est que en diversos organismos, no ocasiona los mismos efectos. Por muy salvajes que sean algunos animales, nos llevamos el premio mayor con creces. Sin embargo, la escala actual de barbaridades que nos rodean me deja atónita y con una sensación de vacío que no hay manera de llenar.
Y si bien nos creíamos impunes, desde hace ya varios años se nota que en nuestro país va in crescendo la cascada de barbaridades, atrocidades feroces, que nos bombardean una y otra vez. Pareciera que las noticias compiten para ser cada vez más ríspidas, más amargas y devastadoras. El grito de horror del pasado 15 de septiembre nos muestra que, de no cambiar las cosas, el vórtice violento y deshumano nos tragará sin contemplaciones, como ya lo ha hecho con otros países en nuestro continente y más allá de los océanos.
Se oyen muchas voces que claman justicia y de hecho, la afrenta alcanza sin lugar a dudas todas las esferas sociales y políticas de nuestro país. Pero el punto es qué hacer nosotros mismos, cómo parar el motor del narcotráfico. La respuesta me parece relativamente sencilla, aunque se me antoja inalcanzable dadas las estadísticas que hoy se presentan en torno al consumo de drogas en México. Y no es que atente contra la libertad individual de decidir qué hacer con el propio cuerpo, cada quien sabe su cuento, pero el espeluznante aumento en el consumo de sustancias prohibidas nos emite una señal de alarma: a mayor consumo, mayor problema. Peor todavía, la edad a la que se inicia dicho consumo, desciende como bólido. ¿Dónde están las campañas de prevención, qué se hace actualmente con los jóvenes, cómo se les guía hacia otras tierras menos inhóspitas? Menuda faena a resolver.
Justo ayer se celebró el Día internacional por la paz. Apenas me enteré y no creo haber sido la última en saberlo. Desde nuestra pequeña y solitaria trinchera, hagamos de la paz nuestra consigna, día a día. Hay montones de maneras para contribuir personalmente, el punto es no dejar de hacerlo y despistarnos con la ilusión de que otros tienen la responsabilidad de aportar las soluciones. Pongamos nuestro granito de arena con la conciencia de que no todo está perdido… aún. ¡Encaremos, de una vez por todas, la barbaridad!
Imagen que acompaña: Pablo Picasso (1937), Guernica.

4 comentarios:

lily dijo...

hace algún tiempo comenté con una persona muy querida el punto del narco... este amigo está algo clavado con la marihuana, bueno bastante clavado... me decía que si acaso él dejaba la marimba se iba a acabar el negocio del narcotráfico... es de las personas -como tantas hay- que considera que su 'aporte' es infinitamente poco, así que "para qué" y mientras tanto... a darle a la verde que tanto le gusta! no creo que estemos dispuestos -como "razahumana"- a deponer gustos y disgustos por acabar con tanto de lo que nos daña y nos carcome, ni aunque con ello baste para bajarle el hambre al horror, a la ignorancia, a la barbarie de la guerra

Paloma Zubieta López dijo...

Tienes toda la razón, un grano no hace un granero pero muchos granos sí. Por eso lo que escribí: entre tus granos y los míos, se va juntando un montoncito... Esperemos que algún día, alguien tenga la claridad para empezar.

Anónimo dijo...

"Pero no se podrá erradicar el Mal: ahí está y siempre lo estará. A penas se puede limitar el daño, mediante el humanitario ejemplo. Las barreras deben ser renovadas y retrabajadas permanentemente. El tabú no es suficiente."
Jonathan Littell

Paloma Zubieta López dijo...

¿Dónde huir? Tibio vacío,
Ingrávida somnolencia
Retiene aquí mi presencia.
Toda moroso albedrío,
En este salón tan frío,
Reino del tiempo tirano.
¿De qué nos sirvió el verano,
Oh ruiseñor en la nieve,
Si sólo un mundo tan breve
Ciñe al soñador en vano?

Luis Cernunda.