El hombre sopló la palma de su mano y el silencio, que estaba a punto de ingresar a la partitura, se fue volando. Brillaba como las alas de una mariposa a la luz del sol. Voló entre las copas de los árboles mientras algunas hojas le hacían cosquillas, pero se fue muy lejos siguiendo una ráfaga de viento que lo llevó hasta el mar. Vió las olas y se maravilló con sus colores, llegó a un puerto lejano y se refugió al anochecer, junto con las gaviotas, en una ventana.A la mañana siguiente, una niña abrió la ventana y con un soplo de brisa, el silencio entró en su boca. Anduvo callada durante días que se convirtieron en meses. Sus padres intentaron muchas cosas para curarla, pero ella seguía sin hablar. Una tarde, una tormenta la sorprendió. Le dió gripa, y en el tercer gran estornudo, el silencio salió por la ventana por la que la niña contemplaba al mar y se perdió en la lejanía.
Nadie volvió a verlo, pero aquellos ojos negros lo recordarían por siempre y atisbarían en las ventanas por si acaso, un día, decidiera regresar.
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