Pásenle al número 3 de Guardagujas y disfruten todo el suplemento, que como ya lo dijo Miss Mergruen, "no tiene desperdicio".
Dejo acá un agradecimiento inmenso al vecino que hizo posible otro sueño...
Fotografía de Gerardo González.
Porque los finales siempre son principios, con cariño pa’l Baloo
Para Walter Grüen por aquella jornada inolvidable
El Maestro, convencido de que el caos generado por error humano es reversible, trabaja sin cesar mientras pasado, presente y futuro se empalman alrededor. Echa de menos al gato con quien intercambia opiniones, sabe que desapareció por el exceso de entropía ambiental. Revisa sus notas desde Pitágoras hasta Fibonacci, pasando por Kepler, Leonardo, Tycho Brahe y Euler. Si como decía Galileo, el lenguaje en el que se escribe la naturaleza es la geometría, entonces la solución puede provenir de una sinfonía jamás escuchada de sólidos perfectos. Meticuloso, construye secuencias musicales con poliedros regulares que le susurran el secreto guardado durante siglos, pero a causa de la estática –generada por la compresión multidimensional- no consigue oír la armonía.
Encontrar a alguien que se multiplica una y otra vez en el filo de la curvatura del espacio es una tarea compleja, casi como hallar la aguja pero en una infinidad de pajares. Aunque son muchos los reportes de exploradores que han visto al aprendiz, los intentos por atraparlo resultan inútiles: con el movimiento espiral convergente, los detectores Geiger conducen hacia diversos cuerpos astrales que terminan capturados en una jaula; como resultado el cielo se ha despoblado. Un reconocido grupo de expertos trabaja noche y día –aunque tales referencias pierden sentido en el caos universal-, para desarrollar un método que solucione la crisis mientras el contorno de todo lo conocido comienza a difuminarse por efecto de la compactación de materia.
A Yoya que me enseñó también esta canción
Una vez que se decreta indispensable encontrar al aprendiz, los exploradores marchan hacia los confines del mundo. A fin de restaurar el orden, deben traer de vuelta al imprudente joven mediante una tarea casi titánica: encontrar un doblez de empalme entre las dimensiones a partir del cual puedan rescatarlo y resolver el nudo multidimensional. Montados en vehículos de última tecnología y conscientes de la gravedad de la situación, parten sabiendo que en ellos están depositadas las esperanzas universales de reestablecer el orden de las cosas. Nunca su tarea había sido tan apremiante y con cada segundo que pasa, la vuelta a la normalidad parece más lejana.
En el comedor del que salió la mujer búho, se encuentra un gato dorado que juguetea tranquilamente con las manos que salen de las paredes. Al sonar un chasquido repentino, el gato se queda quieto y alerta mientras sus bigotes comienzan a recibir vibraciones desconocidas provenientes de la mesa del desayuno. Cual sortilegio, una fuerza invisible surge a partir de la vela en el centro de la mesa que hace girar todos los objetos. Con un ritmo delirante, se escuchan platos que chocan en el aire y frutas que explotan mientras el torbellino crece hasta llenar la habitación. Para entonces, el gato ha escapado y permanecerá escondido hasta que pase la extraña tormenta que circula por el mundo.
Desde hace miles de años, un grupo de colegialas -cuidadosamente seleccionado- borda el manto terrestre que cubre la faz del planeta e inventa todos los paisajes conocidos. Bajo la supervisión de expertas, la tarea está sincronizada por el jarro de tiempo y el manto se genera según las necesidades. Sin embargo, esta mañana algo ha salido mal y las chicas observan con ojos desorbitados al manto que, frenético, se borda y se deshace sin ayuda alguna. Como el fenómeno es inaudito y la Bruja Mayor salió temprano convocada a una reunión de emergencia, el consejo resuelve desconectar la jarra de tiempo y desalojar el edificio pues teme que se produzcan superficies oprobiosas a causa del desarreglo.
Pa’ Lolila, por el maravilloso tiempo compartido y también, por el que nos fue robado.
El hombre en monociclo vigila el cielo del mediodía. De su cabeza-techo salen modernas antenas medidoras de fenómenos naturales, como el dimensionómetro gaussiano. El gato a sus pies parece adormilado pero, de pronto, le vemos tenso y comienza a maullar: ha oído la señal. Con todas las antenas funcionando a un tiempo, el hombre consulta la guía de emergencias universales para cerciorarse de la correcta interpretación del fenómeno. ¡Alguien cruzó la barrera espacio-temporal! Una mueca de horror transforma su cara al comprender las implicaciones y, sin dilación, enfila hacia la torre a la vez que emite un boletín urgente en clave binaria para todos los interesados.
Pa’ Gon, por motivar mi búsqueda más allá de las estrellas.
Para Lolita Fernández, con mucho cariño.