Ni sudor ni lágrimas. Es el océano que en ella se derrama. Su nombre es Marina.
Grabaron sus nombres sobre la playa. El mar no quiso borrarlos y se alejó.
Con la mirada puesta en el horizonte, el mar se lo tragó. Desde aquel día, las olas repiten el eco de su nombre.
Lo espera hace años. Por las tardes, adentra un bote en el mar. Rodeada de olas, evoca el abrazo de su amado.
Su recuerdo está hecho de mar. Con sal, alimenta la esperanza de ver otra vez su barca en el puerto.
En sus lágrimas por él, ella guarda la sal de todos los mares.
© José Alberto López (2009), Peces Colores, tela pintada en:
http://josealbertolopez.blogspot.com/2009/06/blog-post_8639.html