
Si te confesara que todo lo que he dicho hasta ahora es mentira, ¿me creerías?
© M.C. Escher (1963), Moebius strip band II (Red ants) en: http://www.sauval.com/angustia/moebius2.jpg

Para el Gordo, por la prehistoria
Esta vez no habría equivocaciones, nada quedaría al azar. Sabía que los siguientes minutos eran determinantes cuando se sentó frente al monitor. Seleccionó hombre alto, atractivo, inteligente, sensible, responsable, sensual, con un gran sentido del humor, cariñoso, honesto, etc. Llegado el momento de pulsar el botón que materializaría su pedido, suspiró nerviosa. Voilà! El sueño se cumplió y fue una noche inolvidable, la mejor de su vida. A la mañana siguiente, descubrió un error fatal: no había marcado la opción de guardar. Pasó el resto de sus días con frustración, tratando de repetir el algoritmo.
El inspector encontró el número once dibujado en el lugar del crimen. Unos días más tarde, descubrió una pista parecida cerca la segunda víctima: ¾. Dos semanas después, un doble asesinato; dibujos de π y e sobre los cuerpos. “El análisis de los números conducirá al asesino”, vociferaban los periódicos. Sin embargo, cuando apareció el símbolo de א con el siguiente cadáver, el inspector renunció y sugirió que contrataran a un matemático para resolver el caso que, añadió, estaba a punto de superar lo trascendental y volverse imaginario. En la policía, nadie entendió a qué se refería.
Todos los días, al volver de la escuela, el muchacho se detenía a la orilla del lago para lanzar guijarros pues le gustaba ver cómo rebotaban varias veces antes de hundirse, dependiendo del impulso. 